Dentro de nuestra vida cotidiana, en escenarios a los que estamos expuestos, forjamos opiniones que en muchos de los casos, no son nuestras, más bien son opiniones de otras personas que simplemente adoptamos por “pereza”.  Esto castra la oportunidad de un mundo de posibilidades.

¿Por qué realmente lo hacemos? ¿Por qué adoptamos la opinión que otros forjan?

La contestación más simple sería “no molestarnos” en validar la opinión. Esto limita la oportunidad, en el “peor” de los escenarios, de conocer nuevas ideas, nuevas prácticas, nuevos talentos y un mundo de posibilidades.

“Dar por sentado algo es suponer, y suponer es dar por cierto y Nos forjamos una opiniónexistente algo, es conjeturar a través de indicios. El suponer, además anticipa y predice. Y todo en la vida es como la vida misma. No se está vivo por indicio o late el corazón o no, porque la vida no es un indicio y nada de lo que le rodea puede declararse cierto a partir simplemente de indicios. Por eso es tan arriesgado dar por sentado algo y aseverar —a partir de indicios— el resultado final.”  Sustraído del blog de  Diego Larrea.

En el escenario laboral:

NO

Uno de los aspectos más delicados del “Proceso de Inducción” tiene lugar el primer día de labores, el cual habitualmente resulta indeleble en la memoria  de ese empleado. Una empresa nueva, junto a personas que probablemente no conoce, hace imperante la necesidad de apoyo. Ahora, ¿qué sucede cuando alguien “previamente” se encarga de fungir como vocero de bienvenida de la manera menos adecuada? Forja una opinión entre sus compañeros que necesariamente no es la mejor, sino que más bien pudiese ser la opinión de un sólo punto de vista. Una gran parte del equipo de trabajo adopta esta opinión sin darse la oportunidad  de conocer al nuevo integrante. Se cuarta la posibilidad de añadir una opinión fresca y no viciada del cualquier asunto que se estuviera tocando durante ese tiempo.

En el escenario cotidiano:

Depositphotos_19608511_m-392x392Entre amigos, colegas y familiares sucede con mayor frecuencia.  Se forjan opiniones sin la oportunidad de fomentar lo que pudiesen ser experiencias cordiales, exitosas y productivas para todas las partes. ¿Por qué no celebrar la integración de un nuevo miembro a nuestro circulo sin opiniones viciadas?

Y en última instancia: ¿Por qué no darle un “sí” a la diversidad?

Un verdadero desafío social y cotidiano: Aceptar que todos tenemos diferentes formas de pensar, de actuar y de reaccionar, no debe limitar la posibilidad de nuevas experiencias.

“Una característica de la comunidad humana es su diversidad: Ninguna impresión digital se encuentra dos veces en el mundo, cada persona tiene la suya diferente y única; igual como el análisis del DNA. Somos diferentes en Diversidadnuestro idioma, en el uso del lenguaje, en nuestra mímica y en los gestos. Deberíamos entender la diversidad humana como una riqueza tan amplia que, es imposible captar ni siquiera por la aproximación.” Fragmento del libro: “Educar en la diversidad…¿realidad o utopía?” de María Luisa Sartori y Mónica Elisabeth Castilla.

Estigmatización es poner etiquetas y negarnos a un millón de posibilidades.  Cada clasificación que los seres humanos utilizan, marca diferencias y fronteras. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta que nunca tendrá una respuesta concreta. Finalizo esta entrada, con una de las frases de esa gran obra literaria y una de mis favoritas: El Principito

“Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se ve con el corazón”“Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se ve con el corazón”

Todos tenemos una forma particular de ver las cosas y sobre todo de querer hacerlas. No deleguemos lo que a nosotros nos corresponde hacer.  No demos por validas opiniones de segundos y terceros. Tengamos el coraje y la valentía “por cortesía” de forjar nuestras propias opiniones en todos los ámbitos de nuestra vida. Eso se llama respeto, sabiduría y el poder “acceder a un mundo con un millón de posibilidades”.

Caroline Soto, MBA
@coachingwithus  / @carolinesoto